
Editorial
Comienza un nuevo año y, con él, el inevitable ejercicio de marcar objetivos que confiamos ver cumplidos a lo largo de los próximos meses. En el mundo de la sidra ocurre exactamente lo mismo. Más allá de las citas habituales —eventosy celebraciones que siempre aspiramos a ver crecer y mejorar—, hay cuestiones de fondo que llevan años sobre la mesa y otras que han surgido con más fuerza en tiempos recientes, y cuya resolución sigue siendo imprescindible.
La falta de manzana asturiana, el necesario reconocimiento profesional de los escanciadores, la reivindicación de la sidrería como pieza clave e inseparable del sector sidrero, la evolución y consolidación de las nuevas sidras… y, por encima de todo, el siempre pendiente Plan Estratégico de la Sidra y la Manzana. Un instrumento básico si realmente se quiere avanzar con criterio, planificación y visión de futuro, dejando atrás la improvisación, las ocurrencias puntuales y, en el peor de los casos, las ya conocidas redes clientelares que tanto daño han hecho al sector.
El pasado año, al calor de las celebraciones derivadas del reconocimiento por la UNESCO de la Cultura Asturiana de la Sidra como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, se anunciaron iniciativas y se lanzaron promesas que, aun carentes en muchos casos de concreción, resultaron ilusionantes. Ahora, con el nuevo año ya en marcha, ha llegado el momento de que empiecen a traducirse en hechos.
Las fiestas navideñas recién concluidas han dejado una imagen, en general, positiva: más sidra en las mesas asturianas. Se trata de una evolución lenta, pero firme, en la que tanto la sidra natural como las espumosas han ganado presencia. Sin embargo, conviene no caer en la autocomplacencia. Aún hemos asistido a demasiadas celebraciones en las que la sidra no estaba presente en ninguna de sus expresiones, ni siquiera solicitándola exprésamente. Si queremos que la sidra ocupe el lugar que le corresponde, también debemos ser más exigentes como consumidores y como sector.
Enero es, además, un mes de espera. La sidra sigue su proceso de maduración en los depósitos y todavía faltan unos meses para poder celebrar la Primer Sidre L’Añu, probar la sidra nueva y dar inicio a un calendario de fiestas, festivales y eventos sidreros que comienzan a partir de ese momento.
Las perspectivas son buenas, las promesas abundan y las expectativas son altas. Ahora solo falta que todo ese potencial se concrete en avances reales, y que 2026 sea recordado como un año de pasos firmes y no solo de buenas intenciones. Hay mucho por hacer, pero también voluntad y capacidad sobrada para hacerlo. Que así sea.