A las diez de la mañana del domingo 2 de agosto, las primeras banderas comenzaron a avanzar por el centro de Lorient. Tras ellas llegaron las gaitas, bombardas, tambores, grupos de baile y formaciones ataviadas con las indumentarias tradicionales de sus territorios. La Grande Parade des Nations Celtes volvió a reunir a más de 3.500 artistas en una de las jornadas centrales de la 55ª edición del Festival Intercéltico.
La marcha atravesó la ciudad hasta desembocar en el estadio del Moustoir y desde primera hora, el público ocupó las aceras y los cruces del recorrido para ver pasar a las delegaciones de Bretaña, Cornualles, Escocia, Irlanda, Gales, la isla de Man, Galicia y Asturies. En pocas horas se sucedieron bagadoù bretones, pipe bands escoceses, bandes de gaitas asturianas, círculos de danza bretones y agrupaciones llegadas de todo el arco atlántico.
Cornualles contó con una presencia destacada como nación protagonista de esta edición, celebrada bajo el lema «Cornualles, en el corazón del mar Céltico». Sus músicos, bailarines y banderas acercaron al público la cultura de Kernow, vinculada al mar, la minería, a la lengua córnica y a una tradición musical que comparte numerosos lazos históricos con Bretaña.
Asturies estuvo representada en el desfile por tres agrupaciones de procedencias y características diferentes: la Banda Gaites El Gumial, de Morea, en el concejo de Ayer; el Grupu Etnográficu L’Oriente-Llacín, vinculado a Porrúa y al concejo de Llanes; y la Banda de Gaitas La Tarabica, perteneciente a la Casa de Asturias en Guadarrama, en Madrid.
La Banda Gaites El Gumial llevó al recorrido el sonido de la tradición gaitera allerana. La formación, nacida en el concejo de Ayer y con una intensa actividad musical y pedagógica, es una de las representantes oficiales de Asturies en el festival de 2026. Su participación permitió escuchar un repertorio construido alrededor de la gaita asturiana, acompañado por percusión y apropiado para el movimiento de una banda en la calle.
La danza y la indumentaria del oriente asturiano llegaron de la mano del Grupu Etnográficu L’Oriente-Llacín. La agrupación trabaja sobre bailes, músicas y formas de vestir vinculadas a esa parte del país, atendiendo no solo a los pasos, sino también al contexto histórico en el que se practicaban. En Lorient, sus integrantes mostraron una tradición en la que el baile, la música y el traje forman un mismo conjunto.
La tercera formación fue La Tarabica, una banda nacida y desarrollada en la diaspora de Asturies. Su pertenencia a la Casa de Asturias en Guadarrama convierte su presencia en Lorient en una muestra del trabajo realizado por la emigración para conservar y transmitir la cultura asturiana. Fundada en 2013, la banda mantiene su actividad desde la Comunidad de Madrid y participa habitualmente en celebraciones y encuentros vinculados a la música tradicional.
Las tres agrupaciones ofrecieron perfiles complementarios. El Gumial representó la fuerza de las bandas de gaitas del centro de Asturies; L’Oriente-Llacín mostró los bailes y la indumentaria del oriente; y La Tarabica hizo visible la continuidad de la tradición asturiana fuera del territorio. Su paso por Lorient permitió ofrecer una imagen más amplia que la de una única formación o un solo repertorio.
La Grande Parade se presta especialmente a esa variedad. Cada delegación presenta su manera de tocar, desfilar y bailar. Los pipe bands escoceses avanzan con una formación muy distinta a la de los bagadoù bretones, mientras las bandas gallegas y asturianas muestran otros instrumentos, ornamentaciones y ritmos. La sucesión permite comparar sin necesidad de establecer una cultura celta uniforme.
También las indumentarias tienen un peso importante. Monteras piconas, chalecos, mantones, cofias, faldas, delantales y casacas pasan ante el público en movimiento, acompañados por las músicas para las que fueron recuperados. Muchas de estas prendas son el resultado de investigaciones, fotografías antiguas y piezas conservadas por familias y asociaciones.
La parade muestra durante unas horas el resultado de un trabajo que se realiza durante todo el año. Detrás de cada grupo hay ensayos, escuelas de música, recuperación de repertorios, confección de trajes y transmisión entre generaciones. La presencia de intérpretes jóvenes junto a músicos y bailarines veteranos confirma que estas prácticas no se mantienen únicamente como recuerdo.
Cuando las últimas formaciones entraron en el Moustoir, Lorient había vuelto a reunir en sus calles una parte importante del mundo celta contemporáneo. Para Asturies, la jornada tuvo tres nombres concretos: El Gumial, L’Oriente-Llacín y La Tarabica. Tres agrupaciones compartieron recorrido, cada una desde una manera distinta de mantener viva la música y la cultura asturianas.


