
El número de enero de la revista LA SIDRA tiene como artículo principal una entrevista a Rodrigo Cuevas, uno de los creadores más influyentes del panorama cultural asturiano actual. Cantante, performer y agitador cultural, Cuevas defiende la sidra no solo como bebida, sino como parte esencial del ocio, de la identidad y de la vida comunitaria en Asturias.
LA SIDRA.- Para Rodrigo Cuevas, la sidra ocupa un lugar central en su día a día, especialmente vinculada a los espacios de socialización y al tiempo compartido. Beber sidra es, para él, un acto colectivo que crea vínculos y comunidad, una práctica viva que sigue teniendo sentido en el presente. Pero su defensa va mucho más allá del simple consumo: Cuevas insiste en la necesidad de conocer la sidra a fondo, de entender cómo se hace, de pasar tiempo en los lagares y de recuperar una cultura que no puede reducirse a un gesto simbólico.
Esa visión entronca con su manera de entender la cultura: una reinterpretación contemporánea de la tradición oral, lo rural y lo popular, desde una mirada libertaria y profundamente identitaria. La sidra, como producto y como cultura, forma parte de esa gran narración colectiva asturiana que, para seguir viva, necesita participación, conocimiento y transmisión.
Además, Cuevas señala la importancia de los chigres como espacios fundamentales para la vida social. Lugares donde se mezclan generaciones, procedencias y sensibilidades distintas, y donde la cultura puede aparecer de una manera natural, informal y accesible. Esa idea se concreta en proyectos como La Maléfica, el chigre vinculado a la recuperación del teatro de La Benéfica, en Piloña, en el que está implicado activamente. Un espacio pensado no solo como lugar de ocio, sino también como herramienta para sostener iniciativas culturales y dinamizar la vida comunitaria.
Su visión se extiende también al campo y al paisaje. Como antigua imagen de la DOP Sidra de Asturias, Cuevas defiende las pomaradas frente al avance de los eucaliptos, reivindicando un modelo agrario más respetuoso con el ecosistema, más integrado en la cultura asturiana y con mayor valor social y simbólico. Para él, la sidra es también una oportunidad para reactivar territorios rurales y fortalecer la relación entre cultura, paisaje y economía local.
Este artículo forma parte del contenido central del último número de LA SIDRA, una invitación clara a mirar la sidra no solo como un producto que se bebe, sino como un saber que se comparte y se defiende.