Un año después del reconocimiento de la Cultura Asturiana de la Sidra como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, la figura de Luis Benito García sigue siendo clave para entender no solo cómo se alcanzó este hito, sino también qué retos se plantean de aquí en adelante. Historiador, profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Uviéu y director de la Cátedra de la Sidra de Asturies, Benito representa una manera de afrontar la sidra que va mucho más allá del producto: como cultura viva, como sistema social y como patrimonio que debe cuidarse con criterio.
En la entrevista publicada en el número de diciembre de LA SIDRA, Luis Benito hace balance de este primer año tras la declaración de la UNESCO, un periodo intenso en el que la sidra ganó visibilidad y centralidad en el debate público. La inclusión en la lista representativa puso el foco sobre la sidra y generó un notable interés, con un calendario continuo de actos, reconocimientos y actividades vinculadas a este nuevo estatus.
Sin embargo, tras el tono celebratorio aparece también una mirada crítica y profunda. Para Luis Benito, el verdadero reto comienza ahora: cómo gestionar un patrimonio vivo sin banalizarlo, cómo transmitirlo sin convertirlo en un decorado turístico y cómo evitar que la sidra quede atrapada en la postal o en el folclorismo superficial. De ahí la importancia de contar con herramientas de análisis, investigación y educación que permitan seguir pensando la sidra desde la complejidad.
En este sentido, la Cátedra de la Sidra desempeña un papel clave. Definida por él mismo como la casa de la alta cultura sidrera, este espacio académico ha asumido, con medios limitados, una tarea ambiciosa: investigar, publicar y generar conocimiento riguroso sobre los ritos, los lugares, las palabras, las formas de sociabilidad, el paisaje o la memoria oral vinculados a la sidra. Un trabajo que empieza a dar frutos, especialmente con los siete doctorandos que actualmente desarrollan investigaciones relacionadas con este ámbito.
La inauguración de la nueva sede de la Cátedra en la Casona de La Buelga (Ciañu, Llangréu) supuso un punto de inflexión en esa línea de trabajo. Un espacio cargado de memoria colectiva, vinculado a la historia social del Nalón, que permite abrir la universidad al territorio y reforzar la dimensión pública del proyecto, con jornadas, charlas, actividades formativas y procesos de investigación abiertos a la ciudadanía.
Luis Benito no esconde un cierto escepticismo frente a las promesas institucionales. Reconoce avances concretos —mejor presupuesto, espacio físico, algunas líneas de ayuda— pero señala también la lentitud administrativa y la falta de cumplimiento en otros ámbitos. Con todo, apunta a un factor clave: el compromiso de la sociedad con la cultura sidrera, que es el que, en última instancia, empuja a las instituciones a avanzar.
En el fondo, su idea es clara: cuanta más sidra se haga con manzana de Asturias, mejor para todos; y cuanta más reflexión crítica, investigación y educación se generen a su alrededor, más garantizado estará su futuro. Pensar la sidra es también pensarnos como país. Y en ese proceso, la universidad, lejos de estar alejada de la vida cotidiana, tiene mucho que decir.