Arturo Mediero y María Antonia Nuevo defienden en Piedras Blancas un modelo de sidrería basado en el servicio de la sidra, la cocina de casa y el trato directo con la clientela.
LA SIDRA.- No basta con poner una botella verde encima de la mesa para convertir un bar en una sidrería.
En Casa Arturo, en Piedras Blancas, Arturo Mediero tiene esa idea clara. La sidra se sirve como entiende que siempre se ha servido en una sidrería: el personal se acerca a la mesa y la escancia a mano.
No hay máquinas ni tapones de escanciado.

Para Mediero, este servicio no es solamente una cuestión técnica o estética. Obliga al camarero a acercarse al cliente y crea una oportunidad de conversación.
Un comentario sobre el día, el fútbol o cualquier cosa que haya pasado por la zona forma parte de una relación que resulta cada vez menos habitual en la hostelería.
La sidra se mantiene entre 12 y 14 grados en un enfriador específico y, en el momento de la visita de LA SIDRA, Casa Arturo trabajaba con Trabanco, Trabanco Selección y Frutos.
La cocina sigue la misma filosofía.
María Antonia Nuevo está al frente de una propuesta basada en platos tradicionales, con cabrito, carrilleras o callos, junto con jornadas especiales dedicadas a productos como el bonito o las cebollas rellenas.
Casa Arturo defiende así un modelo pequeño, cercano y difícil de automatizar.
Porque una sidrería no es solo un sitio donde comer y beber.
Es también un lugar donde hablar.
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