El triunfo de Delfina Llera en Colunga y los resultados de Cristina Álvarez y Haydee Prieto en Ribeseya ponen nombres propios al trabajo de las mujeres en la elaboración de sidra casera.
LA SIDRA.— Los concursos de sidra casera permiten conocer elaboraciones nacidas en los llagares familiares que, a menudo, tienen poca presencia fuera de su entorno. Los resultados recogidos en la revista de octubre ofrecen también una oportunidad para reconocer a las mujeres que forman parte de esa actividad.
Delfina Llera, campeona en Colunga
Delfina Llera Collado ganó la novena edición del Concurso de Sidra Casera de Colunga, organizado por la Comisión de Fiestes de Güerres. Las jornadas de valoración y prueba pública se celebraron el 18 y 19 de septiembre en la Plaza del Monumento.
El primer premio incluyó trofeo, diploma y una barrica de castaño de cien litros. José Baldó quedó segundo y Emilio Llera, tercero. Los tres primeros puestos dieron acceso a representar al concejo en el certamen asturiano de los Premios Mundo Collada, una red de concursos que conecta el trabajo local con el reconocimiento del conjunto de Asturies.
Cristina Álvarez y Haydee Prieto en Ribeseya
La Folixa la Sidre de Ribeseya reunió 52 elaboraciones caseras en su décimo concurso. Cristina Álvarez, de Coya, Piloña, consiguió el segundo puesto en la clasificación general, por detrás de Marcos Rodríguez, de Salas. Isaac Argüelles, de Villaviciosa, completó el podio.
En la clasificación de sidras del concejo, Haydee Prieto, de Tezangos, consiguió el segundo premio tras un desempate con el ganador, Sebi González, que se presentó como «Pepe Luis» en homenaje a su suegro. Iván el Municipal fue tercero.
La trayectoria de la Folixa la Sidre de Ribeseya muestra la importancia de estos espacios para compartir elaboraciones, comparar resultados y reforzar los vínculos entre llagareros.
Reconocer el trabajo y transmitir la memoria
Estos resultados documentan la presencia de mujeres en los puestos destacados de dos concursos. Identificar a las elaboradoras y dar visibilidad a sus logros ayuda a reconocer un trabajo que forma parte de la vida de los llagares familiares.
La transmisión de la cultura sidrera pasa también por la memoria familiar. Iniciativas como Sidrocoles invitan a preguntar quién mayaba, qué herramientas se utilizaban y qué papel desempeñaban las mujeres. Son preguntas que ayudan a comprender mejor la historia de cada llagar.
Dar continuidad a ese conocimiento es uno de los retos planteados en el editorial de LA SIDRA 270. Los resultados y las fotografías de Colunga y Ribeseya pueden consultarse en las páginas 58–59 y 62–63 de la revista de octubre.

