Cierra otra edición de la Primer Sidre l’Añu con la satisfacción de haber cumplido, una vez más, los objetivos marcados: vivir la cultura asturiana de la sidra como nos gusta, compartirla con todos los que se acercaron y construir, entre todos, una auténtica folixa en torno a lo nuestro.

Tras cuatro intensos días en los que la sidra fue la gran protagonista, la organización del evento, a cargo de la Fundación Asturies XXI, se muestra plenamente satisfecha con el desarrollo de la cita. Se mantuvieron las cifras del pasado año, con alrededor de 10.000 asistentes, consolidando así a la Primer Sidre l’Añu como una de lasgrandes celebraciones culturales y gastronómicas del calendario asturiano.
La sidra volvió a correr con generosidad, hasta el punto de que fue necesario reponer existencias procedentes de varios llagares. Las catas y degustaciones de productos asturianos completaron aforo en todas sus sesiones, dejando incluso público fuera, interesado en seguir la actividad. Mientras tanto, los más pequeños tuvieron su propio protagonismo, mayando y disfrutando de miles de litros de sidra dulce, en una experiencia que combina tradición, aprendizaje y diversión.
El ambiente festivo se dejó sentir en cada rincón del recinto: hubo música, baile, juegos tradicionales como las carreras de sacos o el tiro de cuerda, y tampoco faltaron clásicos como la cuatriada, la rana o la llave. Todo ello en un entorno seguro, sin incidentes reseñables, algo que vuelve a ser una constante en la trayectoria de la Primer Sidre l’Añu y que refleja el espíritu con el que el público acude: disfrutar con responsabilidad y celebrar lo propio. No en vano, son muchos los asistentes fieles que repiten año tras año, sin perderse ninguna edición.
En el apartado de concursos, Nerea Valledor se alzó con el reconocimiento a la mejor escanciadora amateur, mientras que el premio a la mejor sidra casera hecha en madera fue para Marcos Rodríguez, de Salas, poniendo en valor el trabajo y la dedicación de quienes mantienen viva la tradición sidrera desde el ámbito doméstico.
Desde la organización también se destaca el creciente interés y conocimiento del público en torno a la sidra. Cada vez son más las personas que se acercan a la barra de la Primer Sidre l’Añu con criterio, sabiendo qué palos desean probar y compartiendo impresiones sobre las sidras degustadas. El éxito de las catas guiadas refuerza esta tendencia: en un entorno donde se podía disfrutar libremente de la bebida, cientos de asistentes optaron por profundizar en su conocimiento, aprendiendo a saborear, valorar y apreciar sus cualidades, así como a conocer sidras de otras procedencias.
Especialmente relevante es también la presencia de familias con menores, un aspecto en el que la organización pone especial cuidado mediante una programación pensada para los más pequeños. Gracias a ello, cientos de niños se acercan cada año a la cultura sidrera desde el juego y la experiencia, entendiendo que la sidra es mucho más que una bebida: es tradición, identidad y patrimonio.
En definitiva, la Primer Sidre l’Añu vuelve a cerrar con éxito, creciendo en participación, en calidad y en proyección, y reafirmándose como una cita imprescindible para entender y celebrar la cultura asturiana de la sidra. El próximo año, más y mejor.