Tener sidra en la carta no es suficiente. El servicio, el escanciado, la temperatura, la conversación y la propia relación social forman parte de un modelo de sidrería cada vez más difícil de encontrar.
LA SIDRA.- ¿Qué hace que podamos llamar chigre a un establecimiento?
La respuesta no está solamente en la bebida.
Un bar puede vender sidra sin funcionar necesariamente como un chigre tradicional. Los reportajes de LA SIDRA sobre establecimientos como Casa Arturo, en Piedras Blancas, o sobre espacios históricos como La Silla del Rey, en Uviéu, permiten identificar algunos elementos compartidos.

El primero es el servicio.
La sidra no se trata como una botella más. La temperatura, la conservación y la manera de escanciarla forman parte de la experiencia.
El segundo es la figura del camarero o chigrero. Cuando es él quien se acerca a escanciar un culín, el servicio crea inevitablemente un momento de relación con el cliente.
El tercer elemento es social.
El chigre es un espacio donde se bebe, pero también donde se habla, se comenta, se canta, se discute de fútbol o se sigue la vida del barrio.
La Silla del Rey permaneció más de cuatro décadas vinculada a ese modelo tradicional: sidra escanciada, barra llena de botellas y una clientela construida a lo largo de generaciones.
No existe una fórmula matemática que determine dónde termina un bar y empieza un chigre.
Pero sí hay una cultura de servicio y de convivencia que permite reconocer la diferencia.
Y precisamente esos elementos cotidianos son una parte esencial de la Cultura Asturiana de la Sidra.
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